Introducción a la Heráldica

La heráldica es la cienca de los heraldos, personas encargadas en la Edad Media de dirigir los torneos y, posteriormente, determinar los escudos de armas correspondientes a cada familia. Es el arte de interpretar y diseñar escudos de armas conforme a unas leyes, reglas y normas, que a menudo varían en cada nación.

Si bien ya en la antigüedad había guerreros que utilizaban el escudo como defensa y en él dibujaban figuras, generalmente animales quiméricos, no es hasta los tiempos de las Cruzadas cuando podemos señalar que tuvo la Heráldica su verdadero origen. Los caballeros cruzados lucían en su indumentaria y escudos protectores símbolos que los identificara.

La práctica de los ecudos personalizados se perfeccionó y popularizó posteriormente en las justas y torneos que tuvieron lugar en la Europa medieval de principios del siglo XII. En los citados torneos dos oponentes se enfrentaban a caballo y lanza en mano con la finalidad de golpear con ésta el escudo del adversario. Accidentalmente la lanza se rompía y se clavaban astillas o bien erraban y herían a su adversario, por lo que pasaron a portar armaduras metálicas que les cubrían todo el cuerpo, haciéndose más que nunca necesario un sistema de identificación personalizado que los distinguiera unos de otros. Cuando estos ejercicios decayeron, fue el momento en el que los escudos se convirtieron en emblemas de la Nobleza y, seguidamente, de sus descendientes.

Heraldo medievalEn España, con Cruzadas en su propio territorio, la aparición de los apellidos ayudó a la formación de los escudos. Lógicamente al principio eran muy sencillos pero fueron haciéndose más con complicados con el transcurso del tiempo, hasta llegar al máximo de la confusión en el siglo XVI.

Los heraldistas, con ciertas figuras, piezas y colores, mostraban de modo sintético las virtudes y hazañas de unos caballeros (ver post Qué significan los Escudos). Los emblemas de la heráldica familiar fueron en principio adoptados por los nombles de un modo un tanto arbitrario, pero siendo hereditarios, se sintió pronto la necesidad de regular su uso. En ese momento los Heraldos, llamados ya entonces Reyes de Armas, comienzan a dictar sus leyes, señalando la forma y proporción de los escudos, marcando sus particiones y esmaltes (ver post Diseño Heráldico). También se clasifican su representaciones como figuras naturales, artificiales o quiméricas, y se determina su tamaño, forma y posición. Aparecen los adornos externos, cubriéndose de mantos y coronas para la nobleza, y de yelmos y lambrequines, representando de modo floral y artístico las vestiduras rotas del caballero, para las familias.

Con el conjunto de tantos y variados elementos los escudos de armas se convierten en la crónica heróica de cada familia, mostrando las virtudes de sus individuos y los hechos guerreros en los que participaron.

Una gran parte de los linajes españoles tiene escudo de armas, si bien el origen de los mismos se pierde en el pasado. Por lo general, casi todos nacen el la Reconquista y muy a menudo en el norte de la Península, durante aquellas Cruzadas que duraron en nuestro suelo ocho siglos.

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